Nuestro Colegio es el resultado de una larga e intensa historia de amor y creatividad. Amor por los chicos volcado en la docencia y creatividad al servicio de una original pedagogía que nació enseñando el idioma inglés a los más pequeños, cuando teníamos 18 años.

Contagiábamos a los chicos con nuestro entusiasmo. Jugábamos a enseñar y enseñábamos jugando. La alegría, el esfuerzo y el estudio eran una constante en nuestro vivir, que crecía con el paso del tiempo a medida que se sumaban alumnos.

Nuestra primera casa, prestada, donde los sueños se convertían en realidad y los dormitorios en aulas, nos albergó durante los años 1960 y 1961. Hasta que un hada madrina nos tocó con su varita: Susana Maguire, mi amiga de la juventud, ofreció comprarnos una propiedad en Palermo Chico para instalar allí nuestra nueva sede. ¿No es maravilloso? Nuestro trato fue «de palabra»: ella ponía la casa, y yo mi conocimiento del tema.

Para ese entonces, nuestro Jardín ya tenía infinidad de chicos a los que preparábamos para ingresar a colegios ingleses, y de alumnos que complementaban sus estudios en nuestro recién inaugurado Maryland English Institute.

También llegó el momento en que los otrora alumnos pasaron a integrar nuestro cuerpo docente y directivo, impregnados de esa mística especial de alegría, solidaridad y respeto que habíamos tenido siempre y habían respirado al lado de nosotros. La compartían y la sabían transmitir.

Al cabo de muchos e intensos años, con la experiencia adquirida y alentada e impulsada por los pedidos que expresamente recibíamos de los padres que no se resignaban a dejarnos, nos decidimos a emprender el fascinante proyecto de crear un colegio en el que volcaríamos todos nuestros ideales. Un colegio que brindara una formación integral a la persona. Un colegio bilingüe que abarcara al alumno en todos sus aspectos —religioso, académico, deportivo y social— a lo largo de todo el ciclo escolar.

Sucedió en nuestra querida casa de Palermo Chico en 1988. Por eso lo llamamos Colegio Palermo Chico.

Un año después, el nuevo Colegio Palermo Chico se mudó a Palermo Viejo, a su nueva casa que, de chica, no tiene nada.

Por pura convicción, el Colegio es católico y mixto.

Por pura convicción, el Colegio fue creciendo grado por grado y año por año.

Por pura convicción, es un Colegio con profunda raigambre nacional.

Desde un principio, uno de nuestros mayores cuidados estuvo puesto en los recursos humanos. El «nosotras» del Maryland se transformó en el «nosotros» del Colegio Palermo Chico. Los nuevos integrantes aportaron vivencias y experiencias que nos enriquecieron.

Pero hay algo más que nos une a todos en esta comunidad: la vocación. De eso se trata esta historia. Una larga e intensa historia de amor entre un grupo de personas y su vocación por la docencia. Esa vocación que se reconoce en cada gesto, en cada mirada y que va dirigida a los protagonistas, a sus hijos, nuestros queridos alumnos.

Este es el espíritu del Colegio Palermo Chico, que trasciende a las personas y las incluye. Y este espíritu nunca se perderá.

María Laura del Carril de Velarde
Directora Fundadora