Novedades‎ > ‎

Secundaria. Acto de finalización del ciclo lectivo 2014:

publicado a la‎(s)‎ 5 oct. 2015 21:58 por MDSystems Administración   [ actualizado el 5 oct. 2015 22:00 ]

Secundaria. Acto de finalización del ciclo lectivo 2014: Palabras de la Directora de Estudios y del Bachillerato Internacional

La Profesora Graciela López López, Directora de Estudios de Secundaria y del Bachillerato Internacional, dirigió estas palabras a todos los presentes durante el acto de finalización del ciclo lectivo 2014.

  

 Hace ya muchos años, no en el Paleolítico pero casi, yo estaba en 6° grado y la maestra nos hizo comprar para leer en clase un libro llamado Platero y yo.El libro retrata la amistad entre un poeta y un burro que recorren las calles de una pequeña aldea andaluza llamada Moguer. Tengo varios recuerdos sobre la lectura de Platero.

 Primero recuerdo lo extraordinario que le parecía el texto a la maestra para aprender los adjetivos calificativos («Platero es pequeño, peludo, suave, tan blando por fuera que se diría todo de algodón, que no lleva huesos»). La maestra nos hizo subrayar todos los adjetivos (pequeño, peludo, suave, blando) en éxtasis con tanta posibilidad gramatical.

 Otro recuerdo es el de encontrar palabras difíciles que probablemente no comprendía y que sin embargo llenaban mi cabeza de imágenes. El libro hablaba de «las brevas al amanecer», «mariposas de lirio en lirio», «la noche brumosa y morada», «vagas claridades verdes y malvas», «aguardiente». Yo no sabía lo que eran las brevas o los lirios, la malva o el aguardiente. Sin embargo, no importaba, no impedía esto que yo imaginara la vida en Moguer.

 Pero hay una sensación que me provocaba Platero que no se compara con los demás recuerdos y que tenía que ver con la conmovedora ternura con la que Juan Ramón Jiménez describía la pobreza de los niños de su aldea.Platero acoge a una multitud de personajes desvalidos y el poeta describe: niños pobres que alardean las imaginarias riquezas de sus padres, niños pobres que juegan a creerse príncipes imaginando todo lo que tendrían si lo fueran, la hija del carbonero que siendo niña debe cuidar de su hermanito o la niña cuya vieja carreta se atasca en el arroyo perdiendo toda su carga de hierba.

 Un día, después de intensas semanas de leer Platero y yo, preocupada seguramente mucho más por mi propio futuro que por los niños pobres de Moguer, me decidí a hacerle una pregunta a mi padre. Él era español, Moguer quedaba en España, por lo tanto asumí que tendría la respuesta. Me senté junto a él en el sillón en donde estaba cómodamente leyendo El Gráfico y le dije:

 —Papá, ¿te puedo hacer una pregunta?

 —Sí, claro.

 —¿En España hay muchos chicos pobres?

 —Sí, hija. Hay muchos chicos pobres. España no es rica como la Argentina.

 Me acurruqué a su lado, al tiempo que él continuó su lectura sobre su querido San Lorenzo y mi felicidad fue doble: no solo estaba segura en brazos de mi padre, sino que no tenía que preocuparme porque, por suerte, la Argentina no era pobre como España.

 

 En los primeros meses de este año, creo que fue un día de abril, leí en el diarioEl País, un hermoso artículo que conmemoraba el centenario de la publicación de Platero y yo. Además de enterarme de que es el libro más traducido del mundo después de la Biblia y el Quijote, y algunos otros detalles más, me alegró conectarme con algunas imágenes que Platero provocaba en mi niñez: el cielo azul de Moguer, las brevas, el color malva, los lirios, imágenes puestas en palabras que hoy sí ya entiendo. La feliz melancolía se desvaneció en instantes porque, dejé El País, y me dispuse a leer La Nación para encontrarme con un titular mucho menos poético que sostenía que un informe del Observatorio Social de la UCA concluyó que en la Argentina hay más de dos millones de niños que han pasado o aún pasan hambre. Reconozco que sentí el impulso de ir a preguntarle a mi padre de nuevo, como cuando leía aPlatero, pero ya no soy una niña y mi padre tampoco está para responderme. La pregunta indefectiblemente tornó hacia mí y la respuesta no me confortó como la de entonces. Jugué también en mi cabeza con la idea de cómo describiría Juan Ramón Jiménez las nuevas imágenes, esta vez las de mi país. ¿En vez de por un burro estaría el poeta acompañado por un perro flaco, y en lugar de la hija del carbonero hablaría de la hija del cartonero? No lo sé.

 Es diciembre y estamos próximos a la Navidad. La caridad se ve hoy como limosna y muchas veces se la ensucia, y honestamente, no sé bien cómo se soluciona la pobreza en la Argentina pero sí sé que la indiferencia nunca es opción. Al que necesita, hay que darle y sólo puede dar quien tiene. Nosotros, por ejemplo. Dar. Esto tal vez sea un inicio. No acostumbrarnos puede ser otro y así conservar la sensibilidad y compasión que aprendimos en la infancia de la mano del poeta a lomo de su burro. Llenar este diciembre de gratitud por todo lo recibido también puede ayudar y empeñarse en esta Navidad, aunque sea insuficiente, en cubrirnos de un aire generoso que no tiene grandes planes excepto el de intentar que el presente se llene para todos de dicha más que de tristeza y de esperanza más que de desánimo. La erradicación de la pobreza no termina, pero, seguramente empieza por conectarnos con la dimensión más honda del ser humano que es, y seguirá siendo siempre, el amor al prójimo.