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Secundaria: Inicio de clases 2015

publicado a la‎(s)‎ 5 oct. 2015 22:06 por MDSystems Administración

El Prof. Fernando Britos, Rector de Secundaria, dirigió estas palabras a toda la comunidad presente en el acto de apertura del ciclo lectivo 2015.

 

El comienzo de un nuevo ciclo lectivo nos pone a todos aquellos que integramos esta comunidad educativa frente a la tarea de educar y ser educados.

En uno de sus últimos libros, titulado La resistencia, Ernesto Sabato comienza diciendo:

«Hay días en que me levanto con una esperanza demencial, momentos en los que siento que las posibilidades de una vida más humana están al alcance de nuestras manos. Este es uno de esos días».

Más adelante agrega: «Les pido que nos detengamos a pensar en la grandeza a la que todavía podemos aspirar si nos atrevemos a valorar la vida de otra manera. Nos pido ese coraje que nos sitúa en la verdadera dimensión del hombre. Todos, una y otra vez, nos doblegamos. Pero hay algo que no falla y es la convicción de que —únicamente— los valores del espíritu nos pueden salvar de este terremoto que amenaza la condición humana».

Creo que estas palabras son adecuadas para una breve reflexión en este inicio de un nuevo año escolar.

El Colegio y la familia son ámbitos privilegiados para formar personas abiertas y convencidas de que es posible construir un mundo mejor, un mundo más humano en donde el valor supremo de la caridad vaya reemplazando al egoísmo y a la soberbia, antivalores que nos sumergen en la infelicidad y la depresión. Por esto, padres y educadores tenemos una gran responsabilidad frente a nuestros hijos y alumnos; nuestra forma de mostrar y de vivir en los «valores del espíritu», como dice Sabato, será, sin duda, la mejor de las enseñanzas que podremos dar. Cuando se educa, no puede haber doble mensaje: debemos creer y vivir lo que decimos, si no, de lo contrario, no hay educación posible.

Como dice Sabato, «hay algo que no falla» y es la convicción de que el cambio está en nuestras manos, en la medida en que somos fieles y coherentes con los valores del espíritu. Por eso, la familia y el Colegio deben ser agentes generadores de ese cambio; ambos debemos privilegiar el amor sobre el odio, la honestidad sobre la deshonestidad y la verdad sobre la mentira. Es precisamente la Verdad, como dice Jesús en el Evangelio, la que nos hace auténticamente libres, de lo contrario, navegaremos en la hipocresía y en la mentira y, lo que es peor aún, educaremos en la hipocresía y la mentira.

El prestigio de la educación es una tarea de todos; a todos nos compromete y a todos nos afecta. Y es una tarea lenta, silenciosa, profunda, que da frutos a largo plazo. Los resultados inmediatos son propios de otras realidades, también inmediatas y visibles. Pero la educación debe ser la antítesis de lo artificial, de la mera apariencia; no es comercial ni de éxito rápido, se dirige a realidades esenciales capaces de transformar al individuo, y ahí radica su valor moral y su dignidad pública.

Pero, para poder lograr tan altos objetivos, necesitamos una dosis muy grande de coraje sin la cual la superficialidad y el facilismo del mundo que nos rodea terminarán devorando nuestros esfuerzos.

Ojalá que cada mañana, como dice Sabato, nos sorprenda a todos los que tenemos la misión de educar «con una esperanza demencial», porque allí está el secreto para poder alcanzar la transformación por una sociedad más humana y más justa.

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