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¿Terrorista o malabarista?, de Violeta Contreras y Delfina Alvarez Guerra

publicado a la‎(s)‎ 21 abr. 2016 8:06 por Contacto Colegio Palermo Chico

¿Terrorista o malabarista?


-¡Fuego, fuego!- gritó Don Quijote al ver al malabarista de la esquina utilizando fuego. Eran las 7 de la tarde en Libertador y Ugarteche, la hora pico cuando todos vuelven  de trabajar. Todos los trabajadores cansados y ansiosos por llegar a la casa y lo que la gente menos quiere es tener que encontrarse con un loco que grita en contra del inocente e indefenso malabarista en una esquina tan pacífica, tan calmada, tan… opuesta a Don Quijote.

Don Quijote era una persona adicta a las noticias de los problemas mundiales; problemas económicos, políticos pero sobre todo las noticias sobre las guerras, bombas y atentados. Esto lo volvía loco. Muy loco. Fueron tantas las veces que vio desastres mundiales que ahora pensaba que sucedían cotidianamente y eso a Don Quijote no lo favorecía en nada porque todos pensaban que era un loco o en algunos, no muy frecuentes casos, pensaban que era parte de un show improvisado. Su misión no era específica, era simplemente apagar el mal, que para él era el fuego. Cualquier fuego, sea de una chispita a un incendio forestal.

-Fuego, fuego! -volvió a gritar Don Quijote cuando vio que nadie reaccionaba-  Por favor ¿No se dan cuenta? ¡Quiere iniciar un incendio, llamen a los bomberos!

-¡Pará! ¿ Qué te pasa? ¡Está haciendo unos malabares nada más! ¡Por favor dejá de gritar, quiero llegar a mi casa y estás frenando todo el tránsito! -se quejó un señor desde otro auto asomándose por la ventanilla y tocando bocina excesivamente.

-Bueno, si estás tan apurado ayudame a combatir a este patán que quiere incendiar el mundo ¡Es un terrorista!! Por eso te declaro mi escudero, mi mano derecha. Hasta te voy a poner nombre: Sancho Panza.

El señor, ahora llamado Sancho Panza, no respondió porque no podía creer lo que estaban viendo sus ojos, o más bien escuchando sus oídos.

Mientras estos gritos estaban sucediendo, el causante del problema imaginario del Señor Quijote se dio cuenta de que estaban hablando de él y equivocadamente se metió en la pelea. Imagínense en lo que se metió. Empezaron a pasar minutos de pelea y nadie se había dado cuenta de que el semáforo ya estaba verde y estaban atrasando todo el tráfico. De repente, Don Quijote agarró el freno de mano, lo arrancó y lo amenazó para que apagara el fuego o si no lo golpearía en la cabeza. En todo esto, Sancho Panza trataba de explicarle a Quijote que el que hacía malabares con fuego no era nada más que un pobre hombre tratando de ganar un poco de dinero. Pero aparentemente este no entendía, seguía con su idea de que el malabarista era un  terrorista que se hacía pasar por un humilde hombre para incendiar todo el país. Sancho Panza se cansó, era imposible convencer a Quijote de que nada malo estaba pasando.

Don Quijote vio que el malabarista se seguía defendiendo a sí mismo, pero todavía no había apagado el fuego; esto lo ponía cada vez más y más nervioso. Y lo que menos queríamos que sucediera finalmente sucedió: Quijote comenzó a correr y… ¡Con el freno de mano! Se armó una persecución de dos cuadras de correr y gritar y tropezarse y volver a levantarse para salvar la vida. Sancho Panza quedó atrás. No quería saber nada más de esa loca idea de Quijote y del incendio, simplemente aprovechó que los dos protagonistas del problema se fueron, y él siguió camino rumbo a su casa, feliz de que ese loco se había ido junto con todos sus problemas. Por suerte, mientras el malabarista corría, la fuerza del viento en contra apagó sus antorchas. Esto hizo que de repente Don Quijote diera media vuelta y volviera a su casa a seguir viendo las noticias del loco de Libertador y Ugarteche…



Violeta Contreras y Delfina Alvarez Guerra

1er año


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