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Un malentendido en el teatro, de Agustina Alacahan y Jazmín Zuberbuhler

publicado a la‎(s)‎ 21 abr. 2016 8:00 por Contacto Colegio Palermo Chico

Un malentendido en el teatro



        -¡Vayamos al Colón! -exclamó Sancho Panza.

        -Sancho, ¿por qué no vamos al Colón otro día?, prefiero quedarme leyendo novelas de caballería -dijo desinteresado Don Quijote.

        -Dale, por favor,  Quijote -insistió Sancho Panza.

        -Bueno, vayamos esta noche, pero dejame llevar una de mis novelas porque quizá me aburra. Aceptó Don Quijote. 

      Llegó la noche y las estrellas eran lo único que la alumbraban. Ellos vieron a lo lejos ese gigantesco lugar lleno de luces y personas esperando para entrar. Sancho estaba asombrado de lo que presenciaban sus ojos, porque el Colón es considerado uno de los mejores teatros del mundo. Y es reconocido por su acústica y por el valor artístico de su construcción. 

        Ingresaron al lugar y se encontraron con millones de asientos rojo penetrante repletos de espectadores. Al entrar, se sentaron no en el lugar que ellos querían, sino en los palcos altos, uno de los pisos más alejados del escenario. Cuando se sentaron, se dieron cuenta de que habían llegado una hora antes, entonces no tuvieron más remedio que esperar a que el espectáculo empezara. Sancho quería darle una sorpresa, por eso él no sabía qué era lo que ellos estaban por presenciar. Veinte minutos después de que ellos estuvieran esperando, unas señoras de alrededor de cincuenta años, comenzaron a dialogar con ellos. Sancho, muy entretenido, les siguió la plática, ya que Don Quijote estaba aprovechado el tiempo para leer una parte de sus novelas.

        Después de un rato de una interesante conversación, Sancho y las señoras se dieron cuenta de que se estaban apagando las luces y el telón comenzó a abrirse. Aunque Don Quijote no estaba muy interesado en la función, lo hizo a regañadientes por su amigo. Mas, luego de un rato, se dio cuenta de que era mucho mejor de lo que esperaba y se quedó contemplando toda la obra.

        Cuando la obra, en la cual había un robo actuado por los protagonistas, estaba llegando a la mitad, Don Quijote comenzó a creer que lo que estaba pasando era real, por lo que, sin consultarle a Sancho ni a nadie, empezó a correr hacia el escenario. Don Quijote empujó a cada uno de los espectadores que había en su camino, sin tener piedad de nadie, ni siquiera de su amigo y las señoras. En un abrir y cerrar de ojos, ya estaba en el escenario haciendo el ridículo enfrente de todos los presentes, que lo miraban confundidos. A lo lejos, apenas visible, se veía la cara de Sancho Panza, que tenía una mezcla de desconcierto y enfado. Sin pensarlo dos veces, Sancho se levantó de la butaca alocadamente y propuesto a poner fin a esa paranoia.

        Don Quijote estaba decidido a salvar a la mujer que supuestamente estaba siendo robada. Los personajes empezaron a improvisar porque no sabían qué estaba haciendo el espectador peleando con el actor. Sancho se metió en la obra para explicarle que lo que estaba pasando no era cierto. Pero, como no pudo hacerlo, se quedó para ayudar a su amigo. Juntos lucharon para rescatar a la doncella. Luego de una larga discusión con los actores, Don Quijote entendió que estaba todo actuado. Mientras los espectadores dudaban de si todo había sido pensado o no, Don Quijote y  Sancho se retiraron de la sala.   



Agustina Alacahan y Jazmín Zuberbuhler

1er año
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